La guerra lleva a Putin al cielo

-El presidente alcanza un respaldo histórico del 89,9%

-Los rusos ven en la intervención siria la oportunidad para ser un país seguro e importante

-Rusia entra en la guerra siria pero descarta una operación terrestre


La guerra de Siria ha llevado la popularidad del presidente ruso, Vladimir Putin, a un nuevo récord: casi el 90%, según ha difundido hoy la encuestadora rusa VTsIOM. El respaldo del 89,1% de junio ha pasado a un 89,9% en octubre. Lejos queda el modesto 58,8% de enero de 2012, cuando hubo protestas en las calles por su regreso al Kremlin.

Aunque Putin sea un hombre entrenado para el secreto, sabe cómo escenificar los momentos importantes para colocar su mensaje. Su imagen de ayer estrechando la mano de Asad en el Kremlin ha dado la vuelta al mundo. A su espalda estaba su guante de hierro (Serguei Shoigu, ministro de Defensa) y el de seda (Serguei Lavrov, Exteriores). Y dos frases inocentes que los micrófonos captan de una manera nítida. Una dirigida al público interno, cuando habla de los "4.000 ciudadanos de Rusia y antiguas repúblicas de la URSS" que se han unido a los "terroristas" sirios y suponen una amenaza que hay que combatir antes de que vuelvan.

Y otra muy sutil cuyo destinatario parece ser el presidente Asad pero en realidad son las cancillerías de todo el mundo: "Gracias por venir". Es decir: nosotros en el Kremlin hemos convocado esta reunión, hemos organizado este viaje, tenemos un mensaje para Asad y se lo vamos a dar, estamos de su parte, no lo dejamos caer, no nos avergonzamos de él aunque Occidente lo demonice y le daremos el acero necesario para que llegue vivo y con mando en plaza a la negociación. Una solución política que Rusia ha defendido siempre y que ahora (con Moscú por supuesto sentada a la mesa) va a ser ineludible. Porque Asad y su régimen no van a ser achatarrados como Gadafi o Sadam.

Las fuerzas aéreas rusas han hecho 700 salidas y han atacado 690 objetivos. Todo ello ha sido oportunamente difundido por televisión dentro del país. Para fuera está la foto con el líder sirio que hoy dan todos los medios.

Bashar Asad era hace unos meses un presidente cercado por los rebeldes, temeroso de salir del país por si le desplazaban. Medio centenar de aviones rusos han cambiado bastante las cosas desde que el 30 de septiembre empezaron las operaciones aéreas rusas en Siria. Aunque no duerme tranquilo, el viaje a Moscú el martes fue su primera salida al extranjero (al menos que se sepa) desde que estalló la guerra en 2011. Fue con nocturnidad y se informó de ella en diferido. No era un viaje exento de riesgo, por eso se hizo mientras Damasco dormía.

La gran pregunta es si Putin y Asad hablaron de una eventual salida honrosa del poder del presidente sirio. Moscú no es intransigente respecto a la continuidad de Asad, pero quiere que la sucesión sea ordenada y enmarcada en un proceso político plural, donde EEUU no practique su hobby de quitar y poner presidentes.
Occidente tiene claro que Asad debe irse. Pero Rusia se ha dado cuenta de que la fecha de caducidad exacta del presidente sirio, o los matices de su salida, puede ser una grieta más en el frente común que impulsan EEUU, Turquía y lo Saudíes. Ankara parece ahora dispuesta a que el presidente sirio tenga un papel en la transición y después se vaya. Arabia Saudí lo quiere fuera ya. Y EEUU tampoco quiere tratar con él un minuto más, pero Moscú cree que Washington puede transigir. Aunque los medios occidentales dicen que EEUU no quiere a Asad en el proceso sirio, los medios rusos difunden en cuanto tienen algún resquicio que la Administración Obama, o tal vez la siguiente, sí aceptaría alguna componenda.

"El nivel de apoyo al trabajo del presidente está relacionado, en primer lugar, con los acontecimientos en Siria, con los ataques a las posiciones de los terroristas", dice el organismo en una nota. Los rusos quieren que Rusia sea un país seguro e importante: seguramente por ese orden. La intervención de Rusia en Siria, o al menos la versión de la misma que dan los medios rusos, apuntala esas dos aspiraciones. Pero el principal efecto que debería tener la audacia de Putin, si sus planes declarados funcionan, es lograr la solución que quieren todos -paz en Siria y derrota del extremismo- aunque con el protagonismo de los dos líderes que ha denostado EEUU este año y el pasado: Asad y Putin.



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